lunes, julio 31, 2006

Authorized Personal Only

Trabajando - Vida Diaria - Yo por Dentro

El edificio donde trabajo es bastante nuevo y tiene mucho espacio en su interior. No sé cuantos pisos serán, pero en algunos de ellos opera al menos un banco de los muy, muy importantes, con muchísimas oficinas, archivos infinitos, cajas especiales y todo eso. Por lo tanto, las medidas de seguridad allí tomadas son como las que se ven en las películas.

Siendo empleado, tengo una tarjeta magnética que uso a diario para habilitar los molinetes y también para entrar al ascensor. Luego la vuelvo a usar para acceder a las oficinas del 4 piso, que es donde yo estoy. Para salir: lo mismo. No hace falta que la apoye: en todos lados hay sensores láser que pasan de rojo a verde cuando me acerco lo suficiente, aunque la lleve en la billetera. A veces –y con “a veces” quiero decir desde hace tres meses, todos los sábados- juego y digo: “Mantis”, o acerco mi ojo al láser, o apoyo el pulgar derecho haciendo de cuenta que soy un científico que accede a lugares de máxima seguridad debido a que en los registros se reconocen sus huellas digitales, retina y/o voz. No creo que vaya a cansarme de ello, nunca.

Sin embargo, antes de pasar por todo eso, tengo que someterme a otro procedimiento. Si bien ya no me hacen caminar por un detector de metales, porque el efectivo de seguridad se hizo a la idea de que soy inofensivo, mi mochila nunca se salva de que le saquen una radiografía. La coloco sobre una cinta mecánica, pasa por un coso metálico y en un monitor aparece, a ojos del curioso vigilante, el interior de la misma. O sea: una cartuchera, una agenda, un anotador lleno de apuntes y fotocopias del laburo, la “Guía T de bolsillo”, una botella de agua vacía y –ocasionalmente- un paraguas. Imagino que debe estar desilusionándose. Porque, digo, todos los días esperando ver algo interesante y yo le caigo con esas porquerías. A veces también incluyo un Tupperware con un sánguche o empanadas, pero…

En fin, me tienta la posibilidad de aniquilarle la rutina. Y no me refiero a entrar con el revólver de mi abuelo debajo de la campera y hacerle burlas desde el otro lado de los molinetes a la voz de “¿Adiviná quien se quedó sin trabajo?”, sino a otra cosa. Algo por lo que no se me pueda llevar a juicio. Estuve pensando en hacer -sobre un cartón corrugado, con alambre blandito y letra cursiva- un cartel. Me llevará un par de horas del domingo, pero imagino que cada minuto de labor valdrá la pena. Lo que no se me ocurre es lo que podría escribirle. Tiene que ser algo breve y no demasiado ofensivo. Pero que tampoco sea lo suficientemente insulso como para pasar inadvertido. Había pensado en “me gustás, papito” y en “damospena.blogspot.com”, pero estoy seguro de que uds. no van a tener inconveniente en encontrar alternativas bastante más interesantes…

viernes, julio 28, 2006

Baby Mantis

Yo por Dentro


Ando con ganas de tener un hijo. No, no me malinterpreten, no es que esté buscando sexo, ni voluntarias, ni úteros. Imagino que el hecho de haber tenido tantas pérdidas familiares en tan poco tiempo me ha despabilado la necesidad de conservar la estirpe cercana, a pesar de que tengo aproximadamente unos nueve mil parientes en la provincia de Buenos Aires, solamente. Será por esa cuestión de la "sangre de mi sangre", que se yo.

Mi novia no está para nada convencida de querer ser madre en un futuro cercano, por muchas razones. Sin temor a pecar de ingenuo, yo lo digo como unas “ganitas” para dentro de unos cinco o seis años, cuando estemos casados y un poco más organizados. Sin embargo, algo que me perturbó fue el hecho de que a ella le parece importante –o al menos interesante- que yo presencie el parto. La situación fue más o menos la siguiente:

Ella: -¿No te gustaría acompañarme y verlo nacer, mi amor?
Yo: - No, mi amor. Bajo ningún tipo de amenaza.

Ella es muy lista. Sabe que yo soy de acero para muchas cosas pero de mayonesa para otras. Porque ver como es expulsado el bebé –sea por cesárea o por parto natural- va a conseguir que quien escribe estas líneas llore, empalidezca, se maree, vomite, orine, defeque y se desmaye. Y no necesariamente en ese orden. Entonces, cuando el pequeño Baby Mantis abra sus ojos, lo primero que va a ver va a ser a su madre, fuerte y hermosa sosteniéndola en sus brazos y diciéndole lo mucho que la ama a pesar del dolor y el cansancio. Y cuando voltee instintivamente en busca de su padre, verá a un tipo con cara de idiota, mal afeitado, sumido en un charco de sus propios fluidos y teniendo que ser asistido por los facultativos médicos. Y así es como va a recordarme durante el resto de su vida.

No hace falta aclarar a quien le va a hacer caso la criatura de allí en más, o a quien va a recurrir en caso de necesitar consejo.

jueves, julio 27, 2006

La increíble historia de" Bolne" y el "Sepedebipapadeboce"

Yo por Dentro - Vida Diaria

Creo que lo he visto todo.

Ayer, volvía yo de trabajar (mi vida se ha reducido a “ir a trabajar”, “trabajar” y “volver de trabajar”, lamentablemente) sentado/semi-apoyado sobre el tacho de basura que hay entre algunas hileras de asientos, cuando entró el primer vendedor ambulante del recorrido, ofreciendo pañuelos descartables, a dos paquetes por un peso. Un señor, al que llamaremos “SEñor PElado y DE BIgotes PArecido al actor que hacía del PADE BOcha en CEbollitas” o “SEPEDEBIPAPADEBOCE”, levantó su brazo y le hizo señas al escandaloso comerciante, que no dudó en encajarle tres paquetes por 50 centavos. El “Sepedebipapadeboce” entonces los guardó en su bolso negro, al que llamaremos “BOLNE”.

Dos estaciones después, otro vendedor se hizo presente, trayendo consigo paquetes de Bonovones genéricos, a un peso el pack de cuatro unidades. Una vez más, el “Sepedebipapadeboce” levantó la mano, y adquirió una bolsita que también fue a parar al “Bolne”. Imaginé que necesitaría monedas, debido a una pésima inversión metálica en los pañuelitos. Pero al llegar el convoy a la siguiente estación, tuve que desechar tal hipótesis.

-¡Prácticas y coloridas banditas elásticas para el cabello, se llevan los diez por un peso! –vociferó un tercer vendedor. Y el “Sepedebipapadeboce” volvió a levantar la mano silenciosamente y comprar. Y “Bolne” volvió a recibir.

Yo estaba fascinado. Era la primera vez que veía a alguien comprar tres veces en el tren. Probablemente eso había sido lo más interesante que me había sucedido en las últimas dos semanas, y la única anécdota digna de contarse a mis nietos. Pero se imaginarán ustedes mi sorpresa cuando, dos estaciones después, el “Sepedebipapadeboce” levantó su brazo por cuarta ocasión, para felicidad de la señora que vendía fundas elásticas para teléfonos celulares a 5 pesos cada una. Cual lebrel del infierno, “Bolne” devoró su presa una vez más.

A esta altura del partido yo ya no me quería bajar del tren. En caso de ser necesario, seguiría hasta Tigre y luego me tomaría un colectivo para regresar; no importaba. Una mujer parada frente a mí también lo había presenciado todo, y observaba al “Sepedebipapadeboce” con cierta curiosidad. Pero “Bolne” aún no se había saciado…

Hay momentos en la vida de uno, que lo marcan para siempre. Yo no salí campeón de la NBA seis veces, ni me salvé de morir en un atentado, ni tuve un hijo, ni llegué a la Luna, ni me gané un Oscar, ni salvé a 30.000 judíos empleándolos en mi fábrica metalúrgica, pero cuando el “Sepedebipapadeboce” levantó la mano para comprar una linterna a dínamo por diez pesos… sentí que pasaba a formar parte de la historia.
Mi cabeza se llenó de preguntas: “¿Será un extra contratado por los vendedores para provocar compras por contagio? ¿Vendrá del interior del país y querrá hacerse el platudo frente a los porteños?, ¿Será un millonario excéntrico que no puede dejar de comprar compulsivamente?, ¿Será “Bolne” –acaso- una criatura viviente? ¿Tendrá la misteriosa necesidad de todos y cada uno de los elementos adquiridos?”

El “Sepedebipapadeboce” abandonó el tren en la estación siguiente, llevándose consigo a “Bolne”. Luego me bajé yo, dos estaciones después.

miércoles, julio 26, 2006

¡Viven!

Yo por Dentro - Comestible

Si bien he aprendido a comer casi de todo -por una cuestión de principios profesionales- hay muchas cosas que no creo sean recomendables. O al menos no me gustan, que se le va a hacer…

Lo simpático es que, cuando en cualquier lado –léase casas ajenas- me sirven algo de comer que no me gusta (o en casa hay que reciclar algunas chucherías olvidadas en los rincones de la heladera y/o despensa), mi cerebro reacciona instintivamente enviando este mensaje:

“Imaginate, Andrés, que estás en la guerra, o solo en una isla, y llevás días sin comer. Estas arvejas, porotos, aceitunas y zanahorias son lo último que queda y no hay otra cosa: si no comés, te morís. Y este pedazo de pan medio duro es el último: los carbohidratos en él te van a ayudar a sobrevivir y a aguantar un día más. Y la fruta abrillantada en este trozo de pan dulce te va a proporcionar el azúcar necesario para que tu cuerpo no entre en shock hipoglucémico… ¡HOY NO ES TU ÚLTIMO DÍA, ANDRÉS! ¡HOY VAS A VIVIR!

Y entonces, como. Sigue sin gustarme la porquería que estoy comiendo, pero el sentido de la obligación se impone, porque el lazo que me une a mi propia vida es más fuerte que cualquier asco. Va de la mano con esa frase que me digo a veces para hacerme sentir culpable: “¿Tanta gente pasando hambre en el mundo y yo no voy a comer esto SOLAMENTE porque sabe tan chocante a mis deseos?”. Lo curioso es que este método de “auto-convencimiento” se desarrolló sin que nadie (ni siquiera yo) me lo propusiese, más o menos en aquella época en la que dejaba de ser niño y era lo suficientemente gordo como para hacerle creer al mundo que a mi dieta no había elemento alguno capaz de escabullírsele.

martes, julio 25, 2006

No se lo merece

Comestible - Yo por Dentro

Anoche soñé que por errores burocráticos me convertía en empleado part-time de Terrabusi, o mejor dicho, de Nabisco, o mejor dicho, de Kraft Foods (todo monopolizado por Philip Morris), la fábrica de donde sale el “Tang”, que, para los alienígenas que no lo saben, es una marca de jugo en polvo. En este sueño, me tocaba aportar ideas debido a que yo había pasado a formar parte del departamento de marketing o desarrollo. Algo de eso. Tenía que pensar en nuevos sabores, porque la empresa se venía a pique debido a la invasión de gaseosas de marca dudosa que atestan los almacenes y supermercados chinos.

Todos me trataban como a un genio, al principio. Terminé creando dos sabores: uno exitoso y otro que prácticamente decretó la quiebra. ¿El exitoso? Menta y chocolate, revolucionario más que nada por su sabor de chocolatada refrescante, que se hacía con soda en vez de leche y terminaba siendo usado en muchos tragos bolicheros. ¿El del fracaso? Tomate y hierbas de pizza finamente gasificadas, salado y pensado para diluirse en cerveza a fin de provocar la sensación de una comida completa. El presidente de la empresa, que era pelado y parecido a un vecino mío, lloraba y lloraba ante las cajas sin vender. Recuerdo haberme enojado y enarbolado el siguiente argumento:

-“La base de tomates está muy ácida y el orégano está viejo. Esta no es la receta que yo había pedido”.

Me desperté cuando me echaban.

lunes, julio 24, 2006

La Nariz del Abuelo

Yo por Dentro - Científicamente

Una teoría que defiendo y que nadie me ha podido defenestrar es la siguiente: Todos fuimos o vamos a ser lindos alguna vez.

Algunos exageran y se quedan lindos, digamos, por mucho rato, como en el caso de Jennifer Connelly. Pero a todos se nos dio una chance. Lo malo es que uno no decide. Por ejemplo: Sean Connery de viejo se la re-banca, pero de joven no era la gran cosa. Sharon Stone a los cuarenta estaba mejor que nunca. Pierce Brosnan es otro que de “madurito” subió algunos puntos. He visto fotos de mujeres horribles que de abuelas se vuelven digeribles, digamos, entre lo que queda para elegir cuando las mujeres llegan a viejas. Y eso no hay que subestimarlo cuando se alcanza esa edad en la que el cabello y la continencia urinaria se cotizan a niveles otrora irrisorios. Dakota Fanning puede ser muy bonita, pero tal vez sea este su mejor momento. Miren sino lo que le pasó a Macaulay Culkin...

Yo fui lindo cuando tenía un año y medio, dos, más o menos. Este post se queda medio incompleto debido a que no pude escanear una foto de mi bautismo (allí aparezco luciendo un conjuntito de chaleco y pantalones cortos en terciopelo marrón y unos zapatitos haciendo juego, moño de cintitas, camisa blanca inmaculada, piel perfecta, nariz de pompón, cachetitos adorables, ojos enormes y cabello con rastros del albino prematuro que fui al nacer (hoy, mi pelo es castaño oscuro, prácticamente negro). Una aaaarmosura era, que querés que te diga. Y un desperdicio, porque a esa edad a uno la belleza le sirve de mas bien poco, ya que de cualquier forma todo el mundo lo quiere porque uno es “novedad”, el milagro de la vida, o como quieran decirle al fruto de una noche de chanchadas egoístas. Luego me fui echando a perder, fermentando como una bolsa de achuras sobre el tejado en un día soleado de noviembre. Lo peor fueron mis últimos días de colegio secundario cuando mi aspecto era una mezcla de Anthony Kiedis y Enrique Pinti.

Lo de cómo estoy hoy se lo dejo a criterio de quienes me conozcan de aquí en adelante. Pero, suceda lo que suceda, sé que ostento orgulloso el cetro del bebé mas lindo en toda la historia de mi familia. Como quien les habla ha sido, jamás habrá ningún otro.

sábado, julio 22, 2006

Y andás llorando miserias...

Comestible - Vida Diaria

Muchas personas mienten o engañan con respecto a su poder adquisitivo, exagerando su riqueza para encajar en ciertos círculos o tratando de disimular por miedo a que uno, que es un degenerado, croto venido a menos y delincuente en potencia, le organice un secuestro express. Algunos lo hacen sin querer, otros adrede, pero hay algo que los deja al desnudo, y ese algo son las fotos del último cumpleaños. Pero no son los regalos los que hablan (algún pariente platudo y desubicado puede regalarle una colección de DVD´s al pobre flaco que vendió la videocasetera por necesidad), sino los comestibles.

-Las gaseosas de marca son para gente de plata estable. Cuando uno anda pobre o sin plata para festejos, el jugo diluido inunda las jarras y los vasos en las fotos, y eso lo sabemos todos. Un punto intermedio son las gaseosas marca ACME de gustos y colores sospechosos o contradictorios (pomelo verde y esas cosas). Sépase: si todas las imágenes del cumple de un niño muestran una botella de Coca Cola de dos litros y 1/4, es porque hubo cash para invertir en la sed de sus compañeritos del club y colegio.

-Las papas fritas. Tome una lupa y fíjese bien: si las papas son bien finitas (infladitas parcialmente algunas) y lucen un color amarillo canario claro, es porque son de Kellog´s, deliciosas y caras. Si en cambio algunas están medio chamuscadas, o se ven gruesas y de color amarillo intenso, es porque son de las que venden en los cotillones, en bolsas gigantes, más baratas y no tan crocantes. Nota: Si en vez de todo esto aparecen algunos tubos de Pringles, es porque hubo MUCHA plata...

Voy a hacer un alto, porque la situación lo amerita. Mi consejo, joven argentino, es que en este caso consiga que lo inviten al próximo cumpleaños, elija un pibe al azar y pida rescate, o que empiece el noviazgo con la gordita fea y tímida que prestó la quinta para el cumple. Las Pringles cuestan 12, 14, 16 pesos el tubo, viejo... y son ricas en serio. En esa casa deben tomar hasta yogurt...

-Los Chizitos. A diferencia de las papas, los mejores, más caros y más ricos (Kellog´s) son los del color mas intenso, casi naranja de tan amarillo. Los más baratos, en cambio, son más pálidos, y un poco más alargados dentro de su organización psico-física tan irregular (incluso pueden estar húmedos), considerando que los Kellog´s son casi redondos.

-Los palitos salados. Los Pep (otro chivo a Kellog´s) son los mas caros, pero a mí me gustan más los mas baratos, que son más oscuros, largos, salados y finitos, si a alguien le interesa.

-El maní salado es caro siempre, pero el pelado es más caro y un capricho. $$$... taca, taca, taca… peso, peso sobre peso.

-Los sanguches de miga. Hoy en día, una cadera de platino te sale más barata: cualquier paquetito de tres sanguchitos cuesta 4 o 5 pesos y no sirve ni para distraer. Los TRIPLES de miga son caros, ricos, coleccionables... y si aparecen apilados en montañas en las mesas y a nadie parece afligirle el hecho de que los compañeritos de colegio del nene les peguen un mordisco a cada uno y luego los abandonen baboseados en las macetas, es porque las cosas andan bien en esa familia. Y si entre los emparedados algunos son de jamón crudo y roquefort (los reconocerá a la distancia por el pan negro)… bueno… esa gente nada en la opulencia. Vaya al baño y róbese la grifería.

-Salchichitas. Si son de copetín, la madre del nene es una vaga que quiere defecar más de lo que le permite el recto y se aprovecha del sueldo del marido, o no pensó en cuidar el centavo que habría ahorrado comprando salchichas comunes y cortándolas luego a cuchillo.

Las servilletas. Hoy en día, las servilletas blancas individuales andan accesibles en precio, pero si en las fotos aparece un antiestético rollo de Rolli-Sec, es porque allí se está cuidando la moneda. Sea consciente y no acapare, que no se note que es usted un angurriento. Y no pase vergüenza: en la piñata hay sólo unos pocos caramelos para los chicos.

Algunos dirán que la verdadera plata aparece cuando el cumpleaños incluye directamente un servicio de Lunch completo, con calentitos, medialunas y masitas de crema, pero yo no me acuerdo, hace rato que no me invitan a esos cumpleaños.

viernes, julio 21, 2006

Y lo del César también

Religión - Yo por Dentro


Llevo unas cuantas semanas sin asistir (siento más la ausencia de mi hermana que el amor de Dios, y no necesito de que me salgan con argumentos gansos), pero de un tiempo a esta parte había comenzado a ir a la iglesia. Pese a ser católico (en los papeles al menos) hace cosa de un año fui invitado a una reunión en una iglesia evangélica. Porque así funciona el evangelismo: reclutando y juntando socios, aunque en mi caso fui por motivos personales. Quería ir. Y volveré, seguramente, creo.

Dios está en todos lados porque es todas las cosas. La vida se te vuelve mucho más fácil si ves el mundo a través de ese cristal. En un homicidio, entonces, Dios es el asesino, la víctima, la puñalada, el testigo, el cuchillo, el juez, el forense, los periodistas y la escena del crimen, por lo que no tenés siquiera derecho a enojarte o sentirte feliz. En este sentido la religión cristiana es efectivísima, porque como Dios envió a su hijo y murió en él por todos nosotros, las personas estamos automáticamente en deuda adoradora, aunque seamos musulmanes libres de cualquier atisbo de maldad. Imagino que para Él, todo eso debe ser un trabajo lo suficientemente arduo como para requerir de un séptimo día de descanso. En ese séptimo día, Dios va a la iglesia a distraerse. Entre comillas, porque también tiene que escuchar lo que le pide la gente, que poco no debe ser.

"Mi" templo es poco modesto: ladrillos a la vista, piso de parquét plastificado, grandes paredes de vidrios espejados; estacionamientos amplios, un sitio web bastante pretencioso (pero grotesco y poco efectivo debido al abuso de Flash) que permite ver las reuniones “on line”, y al estar ubicado en una zona muy linda, frente a un shopping muy lindo, raro es el domingo en que las camionetas y autos importados no lo habitan. No quiero ni imaginar los diezmos y donaciones brutales que por allí se pasean, pero lo hago y me estremezco. El pastor, sin embargo, no recibe una moneda de lo recogido, porque es “mantenido” (no quiero que suene mal, pero es la palabra que utilizaría el diccionario, sin malas intenciones) por la –digamos- asociación de Iglesias Americanas de la cual ésta es sucursal. Porque es un misionero estadounidense (Texas). Según sé, vive en una casa, nunca mejor dicho, de la hostia. Dejando de lado el hecho de que creo que un verdadero misionero evangelista tendría que vivir en un ranchito y alimentarse de maná en caso de tener hambre, diré que los curas de la iglesia católica también son mantenidos, y lo que es peor, por todos los que pagamos impuestos. Como la iglesia evangélica no recibe subsidios del estado, depende de diezmos y ofrendas para crecer y mantenerse. Creo que es comprensible, justo. Y muy loable es también el hecho de que muchos voluntarios allí organizan y mantienen una granja de rehabilitación, comedores y alguna otra cosa. Porque, aparentemente, buena gente es la que sobra.

Pero aquí viene lo interesante: Hace poco tiempo comenzó la remodelación del templo, debido a que practicamente no hay espacio físico para que todos puedan asistir a las reuniones sin hacinarse. Las ofrendas sugeridas fueron de 3 pesos los niños, 30 pesos los adolescentes, 300 pesos los mayores solteros, y 3000 pesos los matrimonios (si, leyeron tristemente bien: tres mil pesos= más de 1000 dólares). El problema es que no sólo los acaudalados asisten a esas reuniones, sino también otros fulanos de ingresos mucho menos jugosos (yo, por ejemplo) y algunos de recursos muy limitados, por no decir nulos.

Mas allá de dejar en claro que ni siquiera con una cesárea me van a sacar –Y MUY QUIZÁ- más de 30 pesos (y sólo porque es un lindo lugar para casarse, y cobré un cuarto de aguinaldo), diré que el asunto me parece casi coherente. Porque creo que Dios no va a todas las iglesias. Porque no tendría sentido, sería lo mismo hacer la misa o reunión en un Mc Donald´s. Las iglesias existen porque hace falta un lugar en particular, donde Dios oye tu pedido y escucha tu agradecimiento con mejor claridad. En su casa: la casa de Dios.

Es por eso que creo que Dios va a ese templo al que llamo “mío”. Porque le gusta pasar el domingo en casa, en ojotas. Aunque estoy seguro de que llega mucho después de lo que sus propios fieles (las visitas) creen, cuando se acabó todo el griterío, la música a todo volumen, los desmayos y los aplausos, y cuando los patacones ya fueron depositados. Y mucho después de haber pasado por el Vaticano, obvio. Más o menos a la hora en que yo me estoy dedicando a pecar en casa, escuchando en mi computadora toda esa música que vengo adquiriendo ilegalmente a través de Internet, a sabiendas de que no me ve.

Y no me ve porque está en la iglesia que tuvimos que agrandar para ser mejores cristianos. *¿O en que quedamos?

*Nota: se aclara a todo papanatas sin sentido del humor en calidad de ofendido, que este blog es de contenido humorístico, y todo se escribe con onda y desde el humor. Siempre desde el humor. Yo estoy conforme con la iglesia, el pastor y el café que se sirve a la salida.

jueves, julio 20, 2006

Hagamos de cuenta que esto es un post

Yo por Dentro - Del Habla

Estaba pensando en la forma de saludar a mis amigos actuales. O sea, a Martín.

Feliz día, Martín.

Y ya está, no tengo más amigos declarados con los cuales me trate mas o menos de vez en cuando. Verónica también cuenta, pero fuera del laburo jamás nos llegamos a ver, lamentablemente. Y eso me hace creer que nos quedaría grande el rótulo. Pero es que tampoco fui nunca de tener muchos amigos al mismo tiempo.

Los otros "conocidos" y "amistades" (incluyo a muchos de ustedes, queridos lectores) se pondrían muy incómodos si supiesen que los trato como a tales. Y yo también me sentiría incómodo haciéndolo, porque a casi ninguno conozco personalmente. Por ahí el año que viene los saludo, que se yo. Será cuestión de estrechar lazos. Anyway, estos son algunos amigos puestos en "Stand By", o caídos en el cumplimiento del deber:

Guido Olivera: de la escuela primaria. No lo volví a ver. Me enteré que en una época lo apodaban "el bagayero", hace un par de años.
Damián Paz: De la primaria también. Y lo mismo que antes.
Cristian Dos Santos: del barrio. Se mudó y pasamos de vernos todo el día, todos los dias, a vernos una vez al año. Ahora, ya no lo veo nunca.
Daniel Rojas: Vive en frente de casa. Crecimos, y a veces ni lo saludo.
Sebastián Sevegnani: El primer amigo que tuve, a los cuatro años. Vive al lado de mi casa. y ahora juega al básquet profesionalmente (River Plate), por lo que se pasa la mayor parte del año en Chaco. Vino al velorio de mi hermana, y me encantó verlo.
Andrés: Recuerdo sólo su nombre de pila, jugaba al básquet conmigo en Beccar cuando teníamos diez años.
Squall: Creo que murió hace dos años. Le perdí el rastro cuando se fue a USA.
Darío: Se te extraña, Negro.
La Muchi: Mi prima mayor. Cuando éramos chicos jugabamos juntos todo el tiempo. Ahora nos seguimos queriendo y viendo pero ya no podemos seguir jugando, porque somos viejos y tenemos obligaciones de adultos.
Mariana: Ya no me responde los mails.
Samuel Mangocho: El que crea que un gato no puede ser compañero de aventuras, no conoció a mi gato guardián.
Noelia: Fuimos tan amigos como pudimos, ¿no?

Feliz día a todos.

Hagamos de cuenta de que este post no está

Yo por Dentro

Estuve pensando en la forma de postear esto sin que parezca lo que es. Entonces lo puse todo de corrido y parece un quilombo, en vez de un test. Por cierto, está incompleto… ¿culpa de quien es?

0.- Cual es tu apodo?: Me quedo con Mantis.1.- Que hora es? 9.48 AM. 2.- Nombre: Andrés Ángel.3.- Cantidad de velas que aparecieron en tu última torta de pastel: Ninguna5.- Estas enamorado? Sí.6.- Tu cumple es el?: Octubre 21. 7.- Religión: semi-cristiano.8.- Te has emborrachado?: No9.- Amaste tanto a alguien como para llorar? Si.10.- Estuviste en un choque de autos?: No que yo sepa 11.- Como andas vestido?: Según la situación lo amerite, me siento cómodo con diferentes aspectos.12.- 2 o 4 puertas?. Ponele 4, que se yo.13.- Sprite o Seven up? Coca.14.- Cerveza o vino?: No tomo alcohol.15.- Café o té? : Ambos16.- Sabor de helado?: Americana.17.- Sabanas lisas o con animalitos?: Que se yo.18.- Estatura?: 1, 93


19.- Lugar para que te besen?: Acá. 20.- Canción que estas escuchando en este momento?: el “Nessun Dorma”,de Turandot.21.- Tema de conversación más detestado? No hay. Me molesta tratar con los que se creen abogados del diablo. 22.- Tom o Jerry? : Ambos, la gracia era que se complementaban, creo.23.- Disney o Warner Brothers?: Warner para los dibujitos, pero al cine voy a ver las de animación de Disney. 24.- Restaurante de comida rápida: Yo como rápido y mucho en cualquier lado.25.- Ultima visita a un hospital?: Hace un mes y poco más. Fue el de Vicente Lopez y allí me dieron una bolsa de consorcio blanca con las ropas y pertenencias ensangrentadas de mi hermana antes de decirme que se había muerto. Falta de timing.26.- De que color es la alfombra o piso de tu dormitorio? Parquet marrón.27.- Peluche de dormir?: Mi novia.28.- Dónde te ves en 10 años?: Que se yo.29.- De que persona recibiste el "encargo": De Señorita Cosmo.30.- Cual de tus amigos vive más lejos?: Martín, que vive a seis cuadras de casa. Podría vivir en Rumania y nos veríamos con la misma frecuencia.31.- Lo mejor: ¿De Martín? Que viene a todos los velorios a los cuales lo invito y no llora ni hace lobby del dolor ajeno. También tiene una pistola y toca la guitarra. Y se está dejando el “candado”.32.- Quién piensas que te responderá este "encargo" mas rápidamente?: No voy a reenviarlo 33.- Mascotas? Ya no. Aunque en casa quedan algunas. 34.- Que cambiarias de tu vida?: Me gustaría que fuese mía.35.- Cuantos timbrazos para contestar el teléfono?: Que se yo.36.- Video preferido: Que se yo.37.- CD preferido: Que se yo. Alguno de videojuegos, seguro. Tal vez el primero del Final Fantasy VII.38.- Grupo o cantante favorito: Me simpatizan los distintos… como Freddy Mercury. Pero todos terminan cansándome así que trato de escuchar variado. Diré que Los Beatles, y punto.

39.- Lo primero que piensas en la mañana cuando despiertas?: Suelo recordar lo que estuve soñando.41.- Si pudieras ser otra persona, quien serias?: El que fui hace algunos años.42.- Nombra a las personas que no te contestaran y por que: Que se yo.43.- Quien te gustaría que la responda: Están muertos.44.- Algo que tengas puesto siempre y nunca te lo quites: La capacidad de responder a cualquier cosa con una observación graciosa. Y ya me está molestando… 45.- Que hay en las paredes de tu habitación?: Humedad.46.- Que hay debajo de tu cama?: Mugre.47.- Cuál es el auto de tus sueños?: Uno que se maneje solo.48.- Algo a la persona que te mando este "encargo": Y pensar que aclaré que no me gustan estas cosas…49.- Colores preferidos: Negro.50.- Palabras que más dices: Desde hace un tiempo suelo decir “¡T´amo!” a cada rato. 51.- Comida preferida: ENTRAÑA A LA PLANCHA.52.- Que buscas en tu pareja ideal: Que no aparezca ahora, porque ya estoy enamorado, comprometido y feliz de haber encontrado algo mejor.53.- Que le miras primero a el(ella)?: Primero la escucho.54.- Que es para ti la vida?: Si supiera…55.- Momento más triste de tu vida?: Que se yo. Cada ocho meses recibe un upgrade, lamentablemente.57.- Momento más humillante: Eso me lo llevaré a la tumba..58.- Persona mas loca y simple que conoces: Conozco muy poca gente.

60.- Que fobias tienes: Ser asesinado.61.- Que piensas de la muerte: Está ahí. Cada vez le temo menos. 62.- Te ha gustado algún amigo (a) tuyo(a): Sí.63.- Tiempo que tardas en arreglarte: El necesario. Pueden ser horas.64.- Revista favorita: No tengo. Pero fueron la Humor, Billiken, Action Games, Hobby Consolas, Conozca Más… 65.- Le darías un beso a la persona que te envió este encargo: Si mi novia me deja. Y en la mejilla, para saludarla.66.- Que estación del año te gusta mas?: Otoño67.- Te irías a vivir a otro país: No, por ahora. 68.- Quien no te ha fallado nunca?: Mi instinto, afilado como el solo. A veces yo le fallo a él y así me va.70.- Carta o e-mail?: Cualquier cosa que tenga la menor cantidad de faltas de ortografía posibles.71.- La persona que mas extrañas?: Mi hermana, por lo fresco del asunto.72.- Que te pone de buenas?: Comer algo rico, encontrar algún disparador de procesos creativos…73.- Caricatura preferida?: Que se yo.74.- Mejor cyberamigo?: No tengo.75.- Equipos de fútbol: Son grupos de deportistas sobrevaluados. Soy simpatizante de Boca, pero si pierde me da casi lo mismo.76.- Le darías un beso apasionado a alguien de los que mandaste el encargo?: No lo mando.77.- Juego de mesa favorito: Entraña a la Plancha.78.- El peor sentimiento del mundo: La impotencia.79.- El mejor sentimiento del mundo: La omnipotencia. Dios debe pasarla bárbaro.

80.- Futuros nombres para tu hijo: Destructor.81.- Futuros nombres para tu hija: Úrsula.82.- Chocolate o vainilla?: Que se yo.83.- Una almohada o dos?: Una.84.- Duermes con peluches: Ya respondí.85.- Si pudieras teñirte el cabello que color preferirías y se lo tienes teñido de cual?: Que se yo. Blanco.86.- Cual es tu numero favorito?: El que me permite sacar plata del cajero a principios de mes. Es el más útil.87.- Juguete favorito?: Videojuegos. Aunque llevo mucho tiempo sin tocarlos.88.- Que haces si alguien se quiere pasar con tu novio(a)?: Depende de lo que “pasar” quiera decir. Pero podría matarlo, sí.89.- Dile algo a la persona que más quieres: No te mueras, por favor.90.- Condimento favorito en una ensalada: Entraña a la plancha.91.- Que no te gusta comer?: Si no tiene carne, ya te lo miro con desconfianza...92.- Quien te felicito primero en tus cumpleaños?: Mi novia, que aún no era tal.93.- Quien es tu ídolo?: Hoy, mi referente es Scott Adams. Y los guionistas de “Family Guy”. Porque “ídolo” es mucho decir…94.- Cuantos hijos te gustaría tener?: No sé. 95.- Con quien?: Con mi novia cuando sea mi esposa.96.- Te has masturbado?: Hoy no. 97.- Te consideras guapo(a)? : Nah.98.- Eres virgen? si no, con quien la perdiste la virginidad?: Con una revista “El Gráfico” en la que salía una promotora del TC.99.- Te gusto contestar el cyberchismografo?: No.100.- Que hora es?: 10.33 AM.

Prometo que mañana volvemos a los posts de siempre. Es más, en una de esas posteo algo dentro de un rato para empujar esta cosa hacia abajo.

miércoles, julio 19, 2006

Los Nueve Hábitos de la Gente Efectivamente Obesa

Yo por dentro – Guías, listas, manuales, etc. - Comestible

Estas son algunas de las consideraciones que me ayudaron a ser gordo hace algunos años. No se las recomiendo a nadie que pretenda conocer a sus nietos, pero libre de hipocresías hay que decir que todas son tan nocivas como placenteras. Si piensa acatar algunas de las mismas, hágalo con honor y ni piense en luego andar alegando trastornos glandulares.

1) Olvídese de que existen las verduras fuera de la papa con mayonesa. Y si quiere comer algo que más o menos parezca un vegetal, acompañe sus bifes de costilla con fetas de jamón, huevos duros cortados en gajitos, o cachitos de queso fresco.

2) Haga de cuenta que tiene hambre, siempre. Coma carne con gordurita, nada de cortes magros. Si va a comer pollo, evíte la herejía y no le saque la piel. Y si tiene pensado comer pescado, no lo haga a menos que el pescado haya sido un salmón criado por usted, alimentado a base de bondiola y maní salado. Y cómaselo entero y frito.

3) Coma pan blanco con cada bocado de su almuerzo o cena. Y eso de “comer para vivir, no vivir para comer”, déjeselo a los atletas olímpicos. Olvídese de las milanesas no ensanguchadas y cuando la comida consista en tal manjar, no se detenga hasta acabarlas. Aprenda a cocinar rico, eso lo va a ayudar a ganar peso rápidamente.

4) Aproveche la merienda para desarrollar nuevos snacks, como por ejemplo: sanguchitos de salame hechos con torta frita, puré de papas frío a cucharadas directamente de la cacerola, guiso de arroz, jamón y queso en rollitos. Durante aproximadamente medio año, mi merienda preferida fue la falda parrillera con papas fritas.

5) Si siente que le queda lugar para “algo dulce”, es porque no comió lo suficiente. Pida más fideos. Cuando esté REALMENTE satisfecho, clávese unas facturitas. Acompáñelas con un café con leche, o se le van a quedar atravesadas en el gañote. Si después quiere comerse un Serenito o una banana, bueno, métale, que todo ayuda. Pero primero, las facturas.

6) Uno debe comer todo lo que se le sirva (aunque parezca increíble, esta es también una regla de buen comportamiento en la mesa y protocolo que agradece todo anfitrión, no estoy bromeando). Si una mañana se levanta y encuentra una porción de pizza fría en la heladera, es porque anoche estuvo flojo. Engúllala cuanto antes. Lo mismo con empanadas, choripanes, achuras y demás restos de comilonas. Cómalas temprano, porque al mediodía la heladera tiene que estar atiborrada únicamente de materias primas crudas y prontas a convertirse en un poderoso almuerzo.

7) Aproveche los asados. Una parrillada es una buena oportunidad de ganar masa, si se la explota apropiadamente. Nada de lechuga y tomate: no se distraiga. La carne se acompaña con papas fritas, o en su defecto con provoletta, chimichurri y chorizo. En un principio, coma hasta sentirse mal. Poco a poco, usted desarrollará la habilidad de ubicar sus pulmones en las axilas, ampliando su capacidad estomacal hasta límites insospechados. Yo llegué comerme un pollo asado entero, de tres kilos y medio, acompañado con papas fritas a la provenzal, medio kilo de pan y una botella grande de Sprite.

8) Acuéstese después de cada comida y haga fiaca durante todo el tiempo que sea posible. A la pelota que vaya a jugar Maldini, que para eso le pagan. Pero no se desperdicie: lea, mire programas de cocina y buenas películas, escuche música, hágase a sí mismo preguntas filosóficas y dedíquese a los videojuegos. Y mientras lo hace, tome mucha gaseosa; el agua es para ducharse. Su cuerpo se transformará hasta parecerse al de un dios: al de Buda.

9) Levántese temprano y váyase a dormir lo más tarde posible. Se lo digo por experiencia: un maratón televisivo sumado a un buen sánguche de salame y un vaso de gaseosa a eso de las tres de la mañana, cuando la cena es tan sólo un recuerdo… no tienen parangón. Por último, refiérase a todo ser viviente cuyo peso sea menor o igual a 90 kilos utilizando frases como: “Che, vos, anoréxico”, “Vení, Desnutrido” o “Africano muerto de hambre” y así. Lo ayudarán a sentirse más gordo todavía.

martes, julio 18, 2006

Duro de Alterar 3: La hora de la verdad

Yo por Dentro - Vida Diaria

Disculpen, pero es que no puedo despegarme de la idea. Ahora que la posibilidad de que seamos un ejército no suena tan descabellada, y que ya llevo dos alfajores robados –I´m going straight to Hell- llegó la hora de usar ese poder para cambiar algunas cosas. Las que no me gustan, se entiende. Lamentablemente, yo me vería obligado a quedarme trabajando (mi madre me necesita) y posteando las nuevas directivas aquí en el blog, así que por ahora, todo quedaría en manos de ustedes. Nuestra primera misión servirá para ver de qué estamos hechos, y como no contamos con fondos ni financiación de ninguna clase (todavía), tiene que ser algo que nos salga barato.

Las viejas que se quedan paradas en la vereda mirando estupideces en las vidrieras mientras yo estoy apurado me sacan de quicio. Y ahora tengo la oportunidad de hacer valer mis derechos humanos, como el emperador bloggero y zar del crimen organizado que me estoy volviendo. Siempre quise hacer algo con ellas, y también con las minas embarazadas que van con catorce hijos de la mano, mirando ojotas, y con la gente muy gorda que conversa con gente todavía más gorda, llevando el diario, bolsas y paquetes varios, obstruyendo el paso y obligándolo a uno a hacer slalom entre los tachos de basura, los postes de luz y los huecos de baldosas faltantes donde se junta el agua podrida.

Ordeno a mis tropas recorrer las veredas de San Fernando –primero vemos como funciona en mi barrio, luego vamos por el resto-, quitando del paso a tales elementos indeseables. Sugiero que los empujen directamente a la calle para que el tráfico de cuenta de los mismos, pero sorpréndanme con algo mejor si es que se les ocurre. La violencia extrema está permitida, al fin y al cabo, nuestra idea no es la de hacer amigos.


Pero no somos terroristas, sino soldados vigilantes del bienestar damospeniense. Cuéntenme acerca de las cosas que perturban vuestra paz a diario y de las cuales podamos hacernos cargo sin gastar mucho dinero (ya habrá tiempo para usar explosivos plásticos cuando vuelvan las vacas gordas, no se preocupen). Las que a mí también me molesten, serán consideradas. Las otras, no.

lunes, julio 17, 2006

Duro de alterar 2: Damospenieses al poder

Yo por Dentro - Vida Diaria

El post anterior se pagó solo. Estoy considerando, entonces, -y con conocimiento de que varios se ofrecieron a hacerme el aguante contra la panadera italiana a la cual ya le robé un alfajor éste sábado- la posibilidad de reclutar a todos los lectores y/o visitantes ocasionales de Damos Pen@ que posean el mismo don, para formar una suerte de fuerza especial de elite. Yo sería el jefe, un dictador, obviamente, y el resto, mi ejército. Los lectores más veteranos o de mejor condición física ocuparían posiciones de mayor rango. Y los no tan invulnerables que quieran sumarse a nuestras filas también serán bienvenidos, los pondré a hacer algo seguramente; me encanta dar órdenes. Pero ojo: hay que fijarse en los beneficios, tampoco van a recibir poco a cambio de mi protección, sponseoreo y/o apoyo logístico.

Imagínese: Usted termina amenazando físicamente a alguien en una discusión y esa persona le responde algo así como: “¿Vos y cuantos más?”, entonces usted saca la fotografía que lleva en la billetera (que nos tomamos todos juntos, marchando y entonando cánticos en una plaza, luciendo fusiles, espadas y las remeras de Damos Pen@) y replica: “Yo y todos estos más, hippie”. O “ingenierucho”. O “Zurdito”. O “Conserva”. O "Negro-chorro", en fin, cualquiera sea apodo despectivo que pueda ponérsele a quien ose enfrentársenos. Luego toma una botella y la rompe contra el canto de algo que haya en el lugar dónde se encuentren, para demostrar que no teme degollarlo como a un chancho e ir preso. Y luego lo escupe, si es que sabe hacerlo (ya tratamos este tema sobradamente en un post anterior).

No hace falta aclarar que conviene que la botella sea de vidrio y que usted la lleve encima, porque si se le arma quilombo en una cerrajería o en el pasillo de fiambres del Carrefour, mucha botella a mano no va a tener. Y sí, ya sé que lo correcto sería decir “todos estos y yo”, pero es necesario el énfasis en la primera persona, por lo menos, hasta que lleguen los refuerzos.

Se aceptan sugerencias, donaciones y espíritus intrépidos.

sábado, julio 15, 2006

Duro de Alterar

Yo por Dentro - Vida Diaria

Las ganas de hacer pis son algo complicado de soportar. En más de una ocasión me hice encima cuando era chiquitito, por creer que podía aguantar indefinidamente o por negarme a abandonar una ficha de videojuegos a la cual le quedaban varias vidas. Disimularlas tampoco es tarea sencilla, porque uno empieza a fruncirse y enrularse al punto de auto-asfixiar el aparato urinario mediante un nudo marinero. Muchas veces cometo el error de salir a la calle cuando apenas siento la necesidad de vaciar mi vejiga, y al rato ya no aguanto más y busco desesperado un Mc Donald´s, al tiempo que me insulto y me prometo inútilmente aprovechar –de ahora en adelante- los hermosos baños que hay en el edificio donde trabajo. Imagino que más que ganas de hacer pis, las mías son ganas de sufrir gratis, practicando un pseudo-deporte de riesgo. Especialmente sabiendo que los hombres debemos evitarlo porque puede traer problemas de impotencia sexual, a futuro.

Sin embargo, -y mas allá de creerme un mamboretá- me siento un bicho raro, porque las imágenes de cataratas, canillas abiertas y demás íconos acuosos nunca lograron estimular mi vejiga, del mismo modo en que actividades como masticar papel de aluminio, rasguñar una lata oxidada o hacer chirriar un pizarrón no consiguen alterar mi orden psicofísico. Creo que soy inmune a esas situaciones, lo que me brinda una enorme ventaja sobre los que sí se incomodan, que son prácticamente todas las personas que conozco, quienes denuncian "piel de gallina", "escalofríos", "vibraciones en los dientes" y que se yo cuantas otras muestras de debilidad. Me pregunto si entre mis lectores existe algún otro "imperturbable" que pueda convertirse en mi compañero de aventuras.

Eso sí, ver a alguien servirse dulce de leche o mermelada a cucharadas me da unas ganas de hacer popó que ni te cuento…

viernes, julio 14, 2006

La venganza le-va-dura.

Comestible – vida diaria – yo por dentro

Casi todos los días al regreso del trabajo, paso por la panadería, para comprar pan negro. No porque sea más sano, sino porque en esa panadería el pan blanco resulta poco menos que deleznable. El negro, en cambio, es húmedo y sabroso. Y la cantidad de fibra que contiene me hace creer que debo estar a diez o doce semanas de comenzar a cagar alfombras.

Compro siempre $1 (un peso) de figazas grandes, del tipo “para hamburguesas”. En parte porque esos cuatro o cinco panes me alcanzan para todo el día y en parte porque le pago con $2 y quiero vuelto en monedas. Como ustedes se imaginarán, los pancitos no saben que tienen que costarme en conjunto $1, y casi siempre pesan un poco más (no más de $1,08). ¿Y a que no saben lo que hace la panadera –vejestorio italiano- cada vez que eso sucede? Pues se pone a buscar hasta que encuentra un pan que dé el peso exacto, o un centavo menos. Y si no lo encuentra, me canjea el grande por otros dos chiquitos, o agrega una “yapa” en forma de vetusto cuernito de grasa, para no desperdiciar nada…

Siempre se la perdoné, en parte porque si no le compro me quedo sin pan fresco, en parte porque he perdonado cosas peores, y en parte porque no tengo ganas de caminar hasta otra panadería. Pero ayer me hizo la última, cuando cometí el error de tentarme con una docena de facturas. Porque al llegar a casa me percaté de que cuando bajé la vista para buscar en la billetera, me encajó una factura tan chiquita que daba bronca. Un
cañoncito de dulce de leche que no bastaba siquiera para ser la mitad de uno común y corriente; uno que no era lo que le señalé diciendo “y una de estas”.

Robar está mal. A menos, claro, que lo hagamos para reestablecer el equilibrio cósmico. Porque querer cagarme está peor. A partir de hoy, todos los días, cuando ella se de vuelta a cargar el pan negro, le voy a robar un alfajor de maicena, de los grandotes. Siempre tiene quince o veinte sobre el mostrador. Cada alfajor cuesta 70 centavos, por lo que no dejaré de cobrarme lo que es mío, más daños morales (me siento dañado), hasta que mi corazón crea saldada la deuda, o me metan preso.

jueves, julio 13, 2006

Las grullas y la noche

Vida Diaria

Sube en Vicente Lopez, y tendrá unos cincuenta y cinco años. Es uno de los habitués del primer o segundo vagón del tren que me tomo todos los días. Siempre viste en tonos de marrón. Imagino que su esposa, madre o hija son las responsables: se nota el toque de una mujer humilde pero prolija en los detalles. Es tan petiso que cuando se sienta, sus zapatitos gastados pero lustrosos apenas si rozan el suelo, y su voz gangosa -que agradece el asiento cedido y pide se le dispensen las molestias- es inconfundible. Me cae bien, porque festejo a las personas que pese a su discapacidad no gritan productos o interpretan canciones en un horario en el que recién me levanto y –por lo general- soy presa de la detestable intolerancia que se me pasa a eso de las diez de la mañana, horario a partir del cual creo decente dar limosnas a cierto porcentaje de los menos afortunados, aún cuando eso me signifique un déficit monetario y el tener que tomarme un colectivo menos de vez en cuando.

Anteayer, a escasos dos metros de su posición, lo escuché conversar con el muchacho sentado a su lado:

-Discúlpeme, ¿Usted toma el subte en Retiro, Señor?
-Sí
–respondió el flaco cazándola al vuelo-. No se preocupe que yo lo acompaño.
-Bueno, se lo voy a agradecer, Señor.

Y luego escuché dos o tres comentarios acerca de las estaciones en las que bajaba cada uno, a los cuales no presté atención. Me quedé pensando en lo terrible que debe ser vivir en la oscuridad eterna, y lo placentero de presenciar cualquier tipo de manifestación de los buenos modales en la gente, y les perdí el rastro, preocupado por lo mucho que me costaba respirar debido a mi precario estado de salud.

Ayer, el asiento cedido fue el que se ubicaba frente a mí. Mientras yo pensaba en como lidiar esa tarde con el cumpleaños de mi madre considerando la dolorosa y novedosa ausencia de mi hermana de aquí en más para este tipo de situaciones, escuché como repetía las inquisiciones del día anterior, esta vez, con la vieja sentada delante suyo.

-Discúlpeme, ¿Usted toma el subte en Retiro, Señor?
-No –
respondió la vieja guardando la revista de crucigramas en la que había escrito que el símbolo químico del sodio era “So”- Yo me voy para otro lado.
-Ah, bueno, disculpe, señora.

Y lo vi voltearse hacia mí.

-¿Usted toma el subte en Retiro, Señor?
-No –
respondí con sinceridad y teniendo que agacharme una barbaridad.
-¿No me haría el favor de acompañarme hasta las escaleras del subte? –
me pidió antes de que yo pudiese decirle que no tenía inconvenientes en asistirlo.
- Si, no se haga problema. Yo lo acompaño.

Nos quedamos en silencio hasta que el tren arribó a destino.

-Llegamos- le dije tomándolo del brazo.
-Si, llegamos. Mejor me agarro yo de su brazo –sugirió él, más experimentado que yo en estas situaciones y comenzando a caminar.
-¿Su nombre, señor?
-Daniel, ¿Cuál es el suyo?
-Andrés. Es un placer.
-Gusto en conocerlo, Andrés… que tiempo loco, este. No sabía si salir con campera o pulóver. La humedad está terrible.
-Está bastante pesado, sí.
-Dicen que en el futuro la ropa de invierno la vamos a tener que tirar, por eso del calentamiento global.
-Espero que no –
le contesté riéndome-. Es la mejor que tengo.
-¿Conocés el origami, Andrés?
-¿…? … Sí, a decir verdad, sí.
-Yo se hacer muchas cosas con papel: hago pájaros, animales de todo tipo.
-Yo una vez le hice a mi novia uno que encontré en Internet, en una página rusa. Me llevó tres días y una montaña de papel, consistía en una pareja tomada de la mano, todo en una sola hoja. Después lo pinté con témpera y lo pegué en una tarjeta.
-¡Mirá vos, que lindo! –
me contestó visiblemente interesado-. ¿Viste esos sapitos de papel que los chicos hacen en el colegio, que se abren y se cierran de varias maneras y sirven para jugar a las adivinanzas con colores?
-Sí –
respondí recordando tales papirolas-. Pero nunca supe hacer una. A mi me gustaba hacer aviones.
-Yo sé como hacer una piñata con esos sapitos.
-No me diga…
-Sí, también se hacer cinturones… pero ¡Mire que yo tomo el subte dentro de la estación, eh!
-Si, señor, no se preocupe. Lo que pasa es que del otro lado están las boleterías y hay mucha gente empujándose, por eso preferí que camináramos un poco más -
posándole una mano sobre el pasamanos-, ya llegamos, acá está la escalera.
-Bueno, muchas gracias, Andrés. Muchas gracias. Que tenga buen día.
-No fue nada, no se preocupe.
-Un gusto conocerlo.
-No, el gusto es mío, Daniel.

Estoy en condiciones de decir que fue la mejor conversación que he tenido en mucho tiempo.

miércoles, julio 12, 2006

Nos olemos luego

Yo por Dentro

De vez en cuando siento olor a saquitos de té. Así nomás, del aire circundante. No a té preparado, sino al saquito cuando está en la caja, que por cierto tiene un tufillo más agradable. Podría ser un tumor en el cerebro, pero prefiero creer que es otra cosa, como por ejemplo: un duendecito que trafica té en hebras y vive en una casita dentro un tumor en el cerebro de otro. Porque la idea de un duende traficante viviendo dentro de un tumor me parece graciosa. Los duendes o los tumores por separado, no.

Sin embargo, el mejor olor de todos es el olor de mi campera de cuero. Gracias a la generosidad de una de mis tías y a unas pequeñas reservas económicas mías, pude adquirirla a mediados del año pasado, tras desearla durante toda mi vida. Me encanta saber que la hicieron a medida, me hace sentir importante. No la uso seguido, porque para ir a trabajar es mucho y para hacer empanadas en casa es demasiado. Pero me la pongo para salir si me lo permiten el clima y los horarios (esa campera no se arriesga esperando colectivos). Un afluente de este aroma es el de mi billetera, suerte de camperita que abriga mis miserables monedas y tickets restaurant.

También hay un pseudo-olor que no debería gustarme pero lo hace, y es el que dejan todas las marcas y clases de cigarrillos cuando se mezclan. No me refiero al humo, que me da asco, sino a ese espectro que se impregnaba en cierto tipo de establecimientos a los cuales yo solía asistir con toda la frecuencia que me fuese posible: los viejos salones de videojuegos. Si les parece, diremos que tiene olor a niñez de metas claras y definidas: llegar al final de situaciones como el “Captain Commando” o el “Final Fight”. Es olor a “¡Hadooken!” (abajo, diagonal abajo-adelante, adelante y cualquier botón de puñetazo).


El segundo es el de la Navidad. Para mí, la combinación del olor a pirotecnia, el asado y los jazmines hacen de la Navidad lo que es. O lo que fue, para mi pesar. Algunos lo llamarán olor a verano, pero las navidades de cuando era niñito (léase gordo, exitoso, pobre en stress, abundante en familiares directos y muy feliz) tienen ese olor salpicado del tabaco con chocolate que fumaba mi vecino.

El tercer mejor olor es el de una ojota nueva. Supongo que es por lo característico de ese aroma, inconfundiblemente gomoso, azulado y rectilíneo. Bueno, así lo dibujaría yo. Algunos hablan del olor a auto nuevo, pero si lo he olido, no lo recuerdo. Mis chances de tener ojotas nuevas son siempre mayores a las de tener un auto nuevo considerando que no poseo auto viejo, pero sí ojotas viejas, y creo prudente el aferrarme a lo más cercano. Aunque en este caso lo más cercano es el teclado de mi pc, logicamente, y si me aferrase a él, este post se vería contaminado con incoherencias como las que uno tipea involuntariamente cuando abraza el teclado. Por ejemplo:

ic{fjperogjin-wp{r9tjwrht645684r6t48grtyhhhhhhhhhhhh.

Confieso que hay un aroma que me reservo, porque es muy especial y me recuerda a un momento en particular que puedo compartir con una sola persona. Pero supongo que a ustedes les sucederá algo parecido…

martes, julio 11, 2006

Y no hicieron falta pollos chinos.

Vida Diaria

Usted… ¿Alguna vez sintió que estaba cometiendo un error y desencadenando algo medianamente malo pero evitable e inevitable a la vez? Quiero decir… ¿Alguna vez se dijo a si mismo: “no tengo que hacer esto, porque me voy a arrepentir"?

Seguro que sí… a menos que usted mienta o la falta de conciencia sea su riguroso estandarte. Y no me refiero a esos semiarrepentimientos a cuenta que hacen en algunas películas, todos ellos referidos a meterle (o no) los cuernos a un marido, o a robarle (o no) unos cuantos pesos al jefe de la mafia, sino a esos arrepentimientos chiquititos a los que nos lleva –cual pelota sin asidero- la vida diaria. Como prestarle 25 centavos al compañero de laburo que no devuelve nada, nunca, jamás.

Yo sabía que si salía este sábado a la noche, la lluvia me iba a mojar. Y sabía que por más que me abrigase iba a tomar frío. Sabía también que soy propenso a las enfermedades de invierno. No era ajeno a mi conocimiento el hecho de que los cambios bruscos de clima me dejan de cama sin necesidad de que intervengan las gripes y los resfríos. Sabía que lo correcto era quedarme en casa. En mi cabeza era todo tan simple: 2 + 2 = 4.


Sin embargo, salí. Obviaré la parte de los pantalones mojados y el viento frío porque es a mis articulaciones demasiado molesto incluso tener que recordarlo. Ella ordenó un matambrito a la pizza con papas rejilla. Yo me decidí por los canelones a la parisienne. Como siempre, tuve que pedir que nos trajeran otra canastita de pan.

Hoy, a largas horas de que mi jornada finalice y sintiendo que el cerebro se licúa de a poquito y rebota dentro de mi mollera dispuesto a irse en mocos, puedo reconocer que me arrepiento de haber haber venido a laburar, de haber pedido canelones, de haber salido en un día de esos en los que no hay remises precisamente porque llueve y hace mucho frío, de tener novia pero no auto, de no haberme hecho arreglar esta nueva caries que me salió, de no haber puesto la resolución del monitor en un tamaño mayor para no tener que estar forzando la vista, de no haberme quedado a ver “El resplandor” con Jack Nicholson, de haber vendido mi Playstation 2, de haber comprado bizcochitos “light” en vez de alfajores, de no haber comprado tapas para horno en vez de para freir, de haber hecho trampa mirando las respuestas a las adivinanzas de un Billiken en el que Mc Gyver aparecía en la tapa en Octubre del '87, y de todo, absolutamente todo lo que hice desde el momento en que nací, cuando mi pedorrísima existencia fue definida y esta gripe, cobrada en efectivo.


La existencia del destino me tiene sin cuidado. Si tuviera que volver a hacerlo, de seguro surgirían las razones que a ello me condujeron y la historia se repetiría. Pero hoy, ahora, aquí, febril frente al monitor, me siento tan mal, tan pero tan mal, que me arrepiento incluso de mucho de lo que en este post estoy escribiendo.

A fin de cuentas… ¿De qué me sirve a mí toda esta conciencia junta si cuando ella me grite yo le voy a hacer tan poco caso?

lunes, julio 10, 2006

Cuando los animales atacan

Madre Naturaleza

Semanas atrás vi “Leyendas de Pasión”, esa película en la que un Brad Pitt pelilargo es el hijo atractivo, temerario y rebelde de Anthony Hopkins. Viven el campo, son tres hermanos que se enamoran de la misma mina, uno muere en la guerra, y así hasta que se termina. Es entretenida, y da la sensación de que dura cuatro horas. Respetar la intriga o la trama no me importa, lo que me importa es que en el final de la película, el personaje de Brad Pitt (Tristan Ludlow) se traba en pelea con un oso grizzly. El narrador habla de “una buena muerte”.

Las probabilidades de morir atacado por un oso son escasas en San Fernando o Retiro (por otro lado no ando), pero no por ello he de bajar la guardia. No obstante, si alguna bestia salvaje va a atacarme y darme muerte, prefiero que sea un oso. O un león o tigre, ya que ambos son piadosos y uno puede llegar a defenderse con cierto honor si anda con un cuchillo encima. El oso te rompe el cuello de un bife, y el león y el tigre te derriban y estrangulan o te rompen el cuello con sus mandíbulas. Es rápido y limpio.

Pero hay otros que no me gustaría que me atacasen: un cocodrilo te agarra de donde puede y gira con vos en el agua, despedazándote. Las pirañas te mordisquean todo y son muy desagradables visualmente. Las hienas van directo a despachurrarte todo, destripándote vivo. Morir atacado por miles de hormigas coloradas debe ser un suplicio espeluznante porque se te meten por todos los orificios que tienen ganas, y morir bajo un centenar de murciélagos vampiros o cuervos tampoco debe estar bueno. En especial si a los cuervos los criaste vos, y les enseñaste el proverbio ese de que te sacarán los ojos. Los que más miedo me dan son los mandriles y los demonios de Tazmania. Porque son feos, agresivos, gritan, arañan…

Después de releer las razones de mis elecciones, me corrijo: no prefiero al oso o al tigre porque son piadosos. Los prefiero porque son educados, prolijos y solitarios. Pero mi idea de una buena muerte incluye -entre muchas otras cosas- a Jennifer Connelly y Scarlett Johanssen jugueteando en un jacuzzi, así que este post terminó teniendo muy poca razón de ser, después de todo.

sábado, julio 08, 2006

Mantis

Yo por Dentro

Mi nombre es Andrés Ángel. Y me encanta. Pero durante mi corta vida he tenido varios apodos.

Andru / Coqui / Muñeco Michelín / Muñeco de Malvavisco / Calculín / Pancuca (que quiere decir “panza, cu*o y cabeza) / Pelota Playera / Pericles / Gordo / Rompehuesos / Genio / Toselli (gracias a las alergias) / Oso / Tragalibros / Yogui / Gigantón / Pequeño Juan...

Sí, yo era gordo, ya nos dimos cuenta. Y nadie tuvo el ingenio de apodarme “Capaudaz” (ver foto), cuando quien suscribe era tristemente idéntico a ese personaje de la serie animada "El Inspector Gadget". El de “Pelota Playera” me causaba gracia incluso a mí, no puedo negar que era muy bueno. Y lo de Pequeño Juan, tenía algo de encanto. Sin embargo, a medida que mis actividades, aspecto y entorno fueron cambiando, mis apodos evolucionaron también:

Harry Potter / Largo / Ginobilli / Peti / Hajime Saito / Odioso / Samurai / Capitán / Final Fantasy / Laguna Loire / Osito nariz de Pompón / Lemon Pie…

Y me detengo, porque el único de mis apodos que me resta incluir es el actual, el que más tiempo me ha durado, y uno de los pocos sobre los cuales he tenido poder de decisión (lo elegí yo como “nick”). En es realidad una variación del original, pero aquí empieza lo divertido.

1°_ Quiero que me digan el porqué de “MANTIS”. A ver quien adivina aunque más no sea una (la original) de las razones de este “nickname” que tanto me gusta. La semana que viene ofreceré la respuesta detallada en forma de “comment” final en este post. No pidan pistas, las mismas están desparramadas en post pasados.
2°_ Quiero que me contéis de vuestros apodos pasados, presentes y futuros. Venga, que sé que no es políticamente correcto mi deseo, pero no os hagáis rogar. Y si fueron de los traumáticos, mejor.


El que adivine o deduzca fundamentando totalmente la respuesta, o tenga el apodo más traumático puede llegar a ganarse una remera de Damos Pen@, cuando sea que las mismas finalmente sean estampadas (debo varias a algunos de mis lectores Premium, no crean que me hago el gil). Pero ojo, tiene que ser un apodo que me parezca muy, muy bueno… mejor que "Pichón de Mono" (no diré quien es, obvio)

viernes, julio 07, 2006

Juoaajjjj… chup!

Yo por dentro - Vida Diaria

Bueno, es oficial: no sé escupir. Existen muchas cosas que no sé hacer, por ejemplo: cubrirme apropiadamente con un paraguas, disimular mi disgusto por la cumbia villera y quienes la escuchan o lavarme la cara sin dejar todo el baño inundado. Pero lo que más me molesta es no saber escupir. Me hace sentir un inútil, pese a que la destreza en tal actividad es una muestra de mala educación ensayada y sostenida. Tal vez mi saliva no posea el ph adecuado, tal vez no consigo la presión de aire suficiente... no lo sé.

Es el tipo de cosas que se aprenden de chico. A mí me parece que los mejores escupidores son los jugadores de fútbol, pero ellos ya lo hacen de vicio, salivando después de cada jugada como si fuera una necesidad imperiosa, parte del deporte. Yo quería escupir saliva –no mocos- discretamente a un costado de la vereda, porque mi boca sabía muy desagradablemente a mermelada y la botella en mi mochila descansaba libre del embarazoso peso del agua que suelo echarle cuando alcanzo el dispensador de la oficina. Además, eran las seis y media de la mañana de un Jueves y no había nadie (léase “un alma”) en la calle.

Y yo ahí, de pié en una esquina, ligeramente inclinado hacia adelante, frunciendo el ceño como quien se sabe conocedor de todos los secretos de la vida conciente, me escupí todo el pulóver.

jueves, julio 06, 2006

Thunder, thunder, thunder, Thundercats!

Madre Naturaleza

Uno de mis canales “comodín” es Animal Planet. Allí, los bichitos siempre están haciendo las mismas cosas, ya saben: caca, comer, dejarse comer, sexo, dormir, matar. Cosas de bichitos. Viendo un documental acerca de una manada de leones que cazaba gacelas, se me presentó la siguiente interrogante: ¿Quién va a evolucionar más rápido? ¿El león o la gacela? ¿El tigre o el venado? ¿La presa o el secutor? Porque alguno va a tener que evolucionar primero y extinguir al otro. Así como los hombres extinguimos al “dodo” y vamos a extinguir -si Dios quiere- al resto de nuestros enemigos naturales (los pandas y las ballenas), bueno, no resulta ilógico pensarlo un poco.

Cada uno de ellos tiene características que lo ayudan a sobrevivir: el venadito es ligero y escurridizo, el tigre es sigiloso, veloz y fuerte. El tigre -como todos los cazadores- tiene los ojos al frente para enfocar mejor, la gacela los tiene a los costados de la cabeza para verlo venir. Ambos tienen gran oído y olfato para detectarse mutuamente.

Supongamos que las presas evolucionan bruscamente y nomás en unos cuantos miles de años se hacen más rápidas, resistentes y ligeras. Los machos desarrollan garras y cuernos más afilados, además de colmillos y la capacidad de planear ataques preventivos contra los cubiles felinos, con ayuda de las cebras carnívoras y los búfalos de seis patas. Pero el tigre se queda igual. Y de a poco se va extinguiendo.

O al revés: el tigre se vuelve más veloz, inteligente, resistente a enfermedades, teniendo una mayor cantidad de crías. Aprende a cazar en manadas y a camuflarse mejor que un camaleón. Y los leones dejan de tener un jefe por grupo para pasar a ser una gran familia de leones que se van reclutando los unos a los otros. Y se unen a los tigres, las panteras escupidoras de saliva venenosa, los lobos que imitan el llamado de apareamiento de las cebras carnívoras, las hienas que aprenden a aguantar la respiración debajo del agua para emboscar a los ciervitos cuando van a saciar su sed a los ríos, y así...

Hoy me levanté apocalíptico.

miércoles, julio 05, 2006

Yesterday...

Yo por Dentro – Vida Diaria – Otros

Hoy por hoy tengo un buen número de fieles visitantes en mi blog. Eso me gusta. Muchos de ellos figuran en los links y en mis lecturas diarias, pero eso no siempre fue así.

Hubo una época, que duró prácticamente un año, en la que nadie leía este blog, a excepción de algunos parientes, dos conocidos, mi novia –que por aquel entonces era tan solo “mi amada”- y quienes lo escribíamos. Prueba de ello es que semanas atrás, y sumido en mi arteriosclerosis, no me dí cuenta de que posteaba prácticamente lo mismo que había posteado en otra ocasión, y nadie lo notó. Sin embargo, lo que más me duele es el hecho de saber que algunas de mis mejores líneas fueron redactadas en aquellos días de -es una sensación- fertilísima inventiva. Y no es un reproche, es tan sólo una incomodidad espiritual para conmigo mismo. Eso sumado al hecho de que nadie (me incluyo) suele comentar en posts de meses pasados, cosa que no entiendo, considerando que todos los comentarios que hacemos en todos los blogs, llegan a nuestras casillas de correos, y obtienen respuesta segura.

Es por eso que dejé inmortalizados (los mimados en el sidebar, no me hagan hipervincular de vuelta...) mis disparates preferidos, los cuales quiero recomendarles. El que más me gusta releer es "Last Train to Mantis". El más personal de todos es la extensa "Guía para conseguir la Luna". El que mas me gustó escribir fue "El Profesor".

Prometo buscar en vuestros archivos, y no rendirme únicamente a las novedades.

martes, julio 04, 2006

Another one bites the dust

Yo por Dentro

Mi viejo falleció en el 2003. Por motivos que sólo entiende mi subconsciente, una parte de mí apenas lo recuerda. Motivos de seguridad emocional, supongo. Luchó con fuerzas desconocidas para soportar un día más de agonía en terapia intensiva y no morirse justo el 15 de Septiembre, cumpleaños de mi hermana. Murió el 16. Su padre había muerto hacía ya más de diez años, justamente, en la madrugada de un “Día del Padre”. Un domingo 20 de Junio, también día de la Bandera Argentina.

Su madre, mi abuela paterna, falleció algunos meses antes que él. Y mi abuela materna, otros meses antes, en mi cumpleaños, el 21 de Octubre. Tuve una bisabuela que se murió en el cumpleaños de otro primo, también. Y no estoy olvidando a mi tío Teófilo, que también falleció en el 2004, un 9 de Julio, día de la Independencia Argentina si mal no recuerdo. Como Samuel, mi gatito siamés e hijo adoptivo. Y mi primo y gran amigo Darío, que falleció debido a un accidente cuando se iba de viaje de egresados, y recibió cristiana sepultura un 21 de Septiembre del 2005: “Día del Estudiante” o de “La Primavera”, si así lo prefieren. Mi hermana fue alojada en la bóveda de la familia (tuvimos que cremar de apuro a mi abuelo para que entrase porque ya no teníamos lugar) este 6/06/06. Día del Maligno, nunca mejor dicho. Hoy se cumple un mes de su fallecimiento.

Se puede decir que de un Mundial a otro perdí a los tres seres amados con los cuales hablaba de los partidos, lo que hizo de este Mundial algo aburrido. Tres de las nueve o diez personas más queridas para mí en este mundo. Se puede decir que en promedio, visito una casa velatoria cada ocho meses desde hace un buen rato, siendo siempre uno de los brazos que llevan el cajón. No creo en la yeta ni en las malas rachas que se cortan bañándose en ruda. Algunos dirán que en mi familia somos muchos. Estoy de acuerdo. Pero no pueden negar que cada vez somos menos y nos tomamos la muerte muy en serio, apuntando de un modo inconciente pero bastante curioso y macabro.


Pero podría ser casualidad, que se yo... ¿a alguno de ustedes le pasa algo parecido?

lunes, julio 03, 2006

Me siento mal

Yo por Dentro
Comprobada casi totalmente la ineficacia de hacerse la rata, me dedicaré a otra situación que supo condimentar saludablemente mis días de escuela más aburridos. Me refiero a esas veces en las que decidí volverme a casa antes de terminar la jornada estudiantil.

La del dolor de panza la usé dos veces, no más que eso, porque terminaba creyéndomela y padeciendo diarrea en serio. El hecho de ser alérgico/asmático/maquiavélico me fue muy útil durante los primeros años de somatización. Aprendidos los síntomas y desarrolladas las dotes actorales, cuando no tenía ganas de quedarme en clase simplemente ponía cara de descompuesto y comenzaba a respirar con dificultad disimulada. Cuando mi compañero de banco se percataba de mis malestares, daba la voz de alerta a la docente de turno, que no dudaba en acercarse a mí y provocar la siguiente situación.

Ella: ¿Te sentís bien, Andrés?
Yo (con cara de querer entrar a la lista de Schindler): -Más o menos…
Ella: -¿Querés salir al patio a tomar un poco de aire?
Yo (con cara de preocupado a punto de resignarse): -Bueno…
Compañero con ganas de unos minutos libres: ¡Yo lo acompaño!
Yo (si, seguro que te dejo colgarte de mi asma, mequetrefe…): No, está bien, gracias.
Ella: ¿querés llamar a tu mamá para que te venga a buscar?
Yo: -(I wanna thank the Academy… ) No, voy a tomar agua, quiero ver si se me pasa…

Minutos después, con cara de cansado un poco recompuesto, volvía. Obviamente, todos mis compañeros me miraban como el jurado a Tom Hanks en Philadelphia.

Yo: -…
Ella: -¿Te sentís mejor?
Yo: -Sí, un poco.
Ella: -¿Estás seguro de que no querés que llamemos a tu mamá?
Yo: Si. Estoy bien. Si me vuelvo a sentir mal, le aviso.
Compañero queriendo darse corte: Que se vaya, Seño. Yo le paso la tarea después…
Yo (¿Sabías escribir? Mirá vos, habrás aprendido en el ratito que estuve afuera…): - No, gracias.
Ella: -Bueno, sentate.

Transcurridos diez minutos de clase, me levantaba despojado de escrúpulos, y con cara de cordero degollado me acercaba despacito al escritorio de la maestra, que ya me esperaba y preparaba el discurso, pobre santa.

Yo (elevando mi cuaderno): -¿Puedo salir otra vez un ratito? Ya terminé todo.
Ella (con ternura): No me mientas, vos no te sentís bien, Andrés. Voy a llamar a tu mamá para que te venga a buscar. No te preocupes por la tarea… guardá las cosas en la mochila.
Yo (sin atreverme a mirarla a los ojos): -Bueno.

Y mi madre llegaba en unos ciento treinta segundos, aproximadamente, desconsolada por si acaso y con la certeza de que le entregarían a su pobre hijo ya muerto y embalsamado. Cabe destacar que la maniobra funcionaba porque en ocasiones anteriores me había sentido mal en serio, pero nunca abandoné la clase por no haber estudiado para una prueba. Siempre lo hice por aburrimiento, por no aguantarme las ganas de jugar a algún videojuego comprado el día anterior (Ej: Snowbros de Nintendo o Streets of Rage 2 de Mega Drive), o para evitar alguna inminente clase de Educación Física en la que realizaríamos actividades grupales.

sábado, julio 01, 2006

Oído Absoluto

Vida Diaria
Si hubo algo que me marcó en mi primer pasantía como estudiante de gastronomía –va a hacer un año-, fue el hecho de cómo uno aprende algunas cosas cuando tiene que hacerlo, sin darse cuenta.

Mientras estuve en el grill (parrilla a GAS), al principio tuve que preguntar el punto de cocción de los bifes, que conocía pero no identificaba a la perfección. Sellado vuelta y vuelta, muy jugoso, jugoso, a punto, cocido, seco, suela… luego me alcanzaba con tocarlo con el dedo. Finalmente, con calcular el tiempo en que salían el resto de los platos, y verlo, ya sabía el punto. Mirándolo, incluso podía decir si iba a quemarme o no al tocarlo. Y todo esto en una sola noche.

¿Será por eso que algunos papanatas creen saber tanto de mujeres, y te dan consejos, y todo eso? ¿Será que después de haber quemado al punto de la carbonilla a algunas, y sacado crudas a otras, aprendieron y ahora realmente saben?
¿Y que pasa con las/os que nacen con el don -de ahí el título del post- y reconocen el punto sin haber tenido que estropearle la vida a otras/os? Porque resulta muy difícil haber sido siempre cocinero y nunca cocinado, o viceversa.