martes, febrero 27, 2007

Ai fil ded pípol

Yo por Dentro - Científicamente – Madre Naturaleza – Vida Diaria

Este es un artículo que va a llevar a muchos a desconfiar no sólo de mi salud mental, sino también de mi criterio. Pero lo cierto es que soy víctima de ciertos fenómenos paranormales, desde chiquitito. Muy pocos saben de ello. Ya bastante cuesta que la gente me tome en serio en el día a día por motivos obvios, se imaginarán…

Ejemplo 1: Durante más de un mes, el farol ubicado frente a mi casa se apagaba cuando yo salía, nomás para prenderse ni bien me alejaba. Cuando salía acompañado o había otras personas cerca, no pasaba nada, pero en cuanto salía solo, era inevitable el apagón. Empecé a sospechar al apagón #30, mas o menos. Se lo conté a quienes salían y entraban de mi casa, y a nadie le pasaba. Eventualmente, dejó de suceder más o menos cuando dejé de prestarle atención. Habré estado un mes, aproximadamente, con ese asunto. Dicen que esto es una condición, y que hay gente que lo estudia, pero a mí me parece poco serio.

Ejemplo 2: Los cementerios me hacen sentir tan bien como mal. No entiendo por qué, pero en algunas ocasiones salgo cargado de energía, mientras que en otras siento que no debería de haber entrado. Que no era bienvenido. Que a algo o alguien le molestó que fuese. Por algo no me gustan los cementerios.

Ejemplo 3: Suele darse que sueñe con elementos dispersos que al otro día toman forma de algún modo. He sabido soñar que me cruzaría por la calle con una persona que llevaba años sin hacerlo, y adivinado la ropa que traería, pese a que esta persona hubiese adquirido tal atuendo pocos días antes. Y muchos detallecitos parecidos. Creepy details.

Sin embargo, el fenómeno paranormal al que más me cuesta acostumbrarme, por el simple hecho de que no creo en los fantasmas ni parecidos, es el siguiente: puedo sentir, de vez en cuando, a un muerto. Sí ríanse todo lo que quieran, yo tampoco lo creo, pero me acostumbré a que así sea. Además, la gente se me suele reir cuando digo cosas mucho más importantes, así que no me van a traumar, ni nada parecido.

Al principio me causaba gracia, hoy en día, me intriga. Miedo no me da, por el simple hecho de que nunca me sentí amenazado, y el muñeco de malvavisco de los Cazafantasmas se parece a mí cuando era gordo. Miedo me dan los dictadores, Duhalde y los chorritos pasados de merca. Pero tengan esto en claro; voy a temer como niña chiquita si empiezo a sentir que se arrastran cadenas o ver sangre en las paredes. No hay vergüenza en vomitar llorando y hacerse caca de miedo al mismo tiempo, no importa lo que la gente diga. Y no me hagan pensar en sombritas de niños de cuatro años que pudiesen pasar riendo y tropezando a mis espaldas.

Insisto, no me sucede todo el tiempo. Y la cantidad de muertos acumulados en la historia del Universo es millones de veces superior a la cantidad de “sensaciones” que tengo. Es como si estuviese sentado frente al televisor leyendo un libro o haciendo cualquier otra cosa mientras la tele no ofrece imagen ninguna debido a que está sintonizada en alguno de los canales pornográficos codificados, y de repente se decodificase la información, una vez cada seis meses y sin que yo pudiese provocarlo, permitiéndome ver una película completa, con sonido y todo. Más de uno me entiende. En lo de la porno, quiero decir.

No es que vea la imagen recreada en mi cabeza, pero por momentos me quedo quieto. Suele pasarme cuando entro a lugares por primera vez. Una habitación, una casa cualquiera en la vereda mientras camino por la calle sin prestar atención, cosas así. Es un sentimiento de incomodidad y perturbación que me detiene y me hace voltear, o retroceder. Mi pensamiento es del orden de “Pasa algo raro”. Cuando voy al cementerio, no es de extrañar que alguna tumba me llame la atención desde la lejanía, y yo sienta que se trata de un hombre viejo, pelado, de bigote, a quien sus compañeros de trabajo supieron echar de menos, o una vieja de pelo recogido que se llevaba muy bien con su nuera, o un muerto joven debido a un accidente. El muerto no me habla, ni siquiera se da cuenta: es todo cosa mía. Es posible que llegue incluso a darme una idea de los años de nacimiento y defunción, o incluso el nombre, errándole por pocas letras, corroborando la información. Y sé que no se trata de una lotería porque nunca me equivoco. Ya sea que identifique la presencia con un solo dato, o varios (algunos incluso imposibles de corroborar), la sensación es siempre acertada. Siempre, siempre, siempre.

Si tengo que elegir, preferiría que fuese algún tipo de desequilibrio mental, antes que una habilidad sobrenatural. A fin de cuentas, podríamos estar hablando de algo verdaderamente demoníaco y yo no estoy preparado para hacerme cargo del raye o tormento sin resolver de ningún fiambre, caramba. Nunca me animé a eso del juego de la copa, o semejantes. Ni siquiera me subo al tren fantasma.

Les preguntaría si alguna vez a ustedes les pasó algo parecido, pero imagino que son gente seria...

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lunes, febrero 26, 2007

¡Temporada de chanchos!

Vida Diaria - Científicamente

La fecha de nacimiento incide en la salud. Lo que querría decir muchas cosas, que harían de este artículo algo demasiado pesado de digerir, considerando que se publica por la mañana. Lo leí en un diario de la semana pasada porque no tengo dinero para diarios nuevos.

Parece que el sol tiene la culpa. Por ejemplo, naciendo uno en octubre, es más vulnerable a –supongamos- la locura o la depresión, pero de hígado fuerte y duro de empachar. Y es fácil ver hacia donde me dirijo: habrá momentos más propicios para tener sexo sin protección con la pareja de uno, a fin de procrear a gusto. Estrategia reproductiva, si se quiere. Y eso se encadena inevitablemente con el hecho de que este sea el “Año del Chancho” según el horóscopo chino, porque resulta que miles de jóvenes parejas se han propuesto tener un hijo a fin de no desaprovechar la posibilidad de traer al mundo un retoño mucho más afortunado.

Superstición, dirán algunos. Tradición, Qué se yo, para mí el chancho es una cosa rica que por fortuna corre más lento que el hombre y no sabe usar armas de fuego ni organizarse militarmente. Soy un tipo sencillo. Pero aparentemente, montones de orientales –tipos complicados- están llenando los hospitales de las principales ciudades del país, a fin de hacerse los chequeos y estudios preventivos de rutina. Se esperan unos 30.000 nacimientos “extra”, más o menos, en un país con más de 1.300.000.000 habitantes. Mil trescientos millones. Lo que quiere decir varias cosas:

-Es un buen momento para tener una novia china. Pocas veces se va a tener tanto sexo y con tantas ganas.
-Es el peor momento del mundo para confiar ciegamente en la fidelidad de tu pareja china. Ahorrar para el estudio de ADN no sería un despropósito considerando que ella va a querer embarazarse o embarazarse.
-Nunca hubo mejor momento que este para conseguir un guardapolvo blanco y hacerse pasar por ginecólogo. Los chinos son todos bastante parecidos y a obstetricia revuelta, ganancia del depravado. Recordemos que la gran mayoría de las interesadas son parejas jóvenes. “Parejas jóvenes” significa “chicas orientales jovencitas sacándose la bombacha”, que es lo mismo que decir “Sailor Moon pornográfico”.

-Es todavía mejor momento para ser urólogo y homosexual. Los gansos sueltos y las braguetas dispuestas al examen van a estar a la orden del día.


Lo curioso es que durante el último año del dragón (2000), este mismo ritual se repitió, y hoy en día muchos de esos bebés devenidos en niñitos tienen problemas a la hora de conseguir matricularse en una escuela por falta de plazas. Escuelas, por cierto, en las que las docentes pegan el faltazo y escasean debido a los achaques y molestias causadas frecuentemente por el estado de gravidez. Todo esto en un país que sostiene una política de “hijo único” y pone multas a quienes son padres en más de una ocasión. Y ahí viene lo interesante: las multas por nacimiento son mucho más altas que el costo de un aborto en cualquier parte del mundo (en China, es ilegal). Y como ocurre con los abortos “seguros”, la posibilidad de pagar este “impuesto al segundo hijo” tan sólo está al alcance de las familias económicamente poderosas. Así es la vida. ¿Los hogares de huérfanos? Atestados, obvio. Y de nenitas, en su mayoría, ya que cuando te dejan tener un solo hijo, el hijo varón es el que vas a buscar, debido a que por motivos culturales la mujer abandona a su familia en cuanto se casa, y pasa a formar parte de la familia del marido, cuidando a sus suegros en la vejez.

Pero vayamos al grano. La pregunta del día es: ¿No sería negocio que los famosos hollywoodenses se avivasen y adoptasen exclusivamente criaturas modelo 2000 o 2007? (yo creo que hasta deben salir más baratos por sobreproducción) Justificar.

Y la foto de ese chinito en la canasta es una de las mejores cosas que he subido a este blog.

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viernes, febrero 16, 2007

El fusible del humor

Yo por Dentro - Científicamente

Bueno, este es uno de esos artículos que me hacen lamentar la carencia de más dedos, a fin de escribir más rápido. Estaba paseando por Internet, más precisamente por el sitio de uno de mis lectores, cuando me encontré con una suerte de “mito urbano” o humorada legendaria (y hasta ahora) desconocida para mí en Internet. La noticia de que en un circo, un hipopótamo se había tragado a un enano.

Eso me puso a pensar en cual sería el límite de mi tolerancia al humor. Lo reconozco: cuando uno dedica mucho tiempo del día a pensar cosas que cree graciosas, y se ha pasado la vida aprendiendo acerca de las diferentes posibilidades del humor, ya no es tan fácil reirse. A los once años, yo ya conocía todos los chistes “hechos para contarse” existentes en el repertorio de habla hispana. Y a los quince o dieciséis, todos los del habla anglosajona. Para peor, no suelo olvidar chascarrillos ni situaciones cómicas: mi cerebro recopila todo eso casi enciclopédicamente, por alguna razón que no entiendo del todo. Dicho de otra manera: si los chistes fuesen genitales de jugadores fútbol, yo sería Alejandra Pradón. No puede sorprendérseme desde allí. Lo he visto todo.

Y es por eso que de un tiempo a esta parte mis ratos de entretenimiento provienen de cuatro o cinco fuentes predeterminadas, a la cuales recurro con
stantemente cual drogadicto perdido, siendo una de ellas, mi imaginación. Créanme, yo imagino muy bien. Voy mas allá de lo que puedo controlar, lo que me angustia infinitamente cuando cualquiera de mis seres queridos no atiende el teléfono o falta a una cita pero también me permite asegurar que ustedes realmente desearían ser yo en estos casos más felices. La noticia era falsa, obviamente, pero recrear la imagen en mi cabeza fue todo lo que necesité para comenzar a descomponerme de la risa, hasta las lágrimas. Porque en mi imaginación el enano tenía una voz gangosa muy graciosa, y tardaba aproximadamente quince minutos en ser completamente tragado. La hipopótamo se llamaba Vilma, y el enano, supongo, Ordoñez, porque así se referían a él el resto de los desesperados artistas circenses, uno de ellos (el domador de leones) interpretado por Will Ferrel.

Es posible que lo de este enano sea la situación más divertida en la que me haya visto involucrado en los últimos diez días. Es al menos, lo más gracioso que tengo en mente en este momento, pero estuve pensando entonces en algo que pudiese distraerme. Algo no necesariamente gracioso, pero igualmente asombroso. Un acto que, en caso de yo presenciarlo, consiguiese apabullarme y dejarme maravillado. Algo que me volase la tapa de los sesos, en sentido figurado. Que se yo… como ver a un koala siendo devorado por un elefante bebé, ese tipo de cosas.

En este momento estoy tratando de ordenar los elementos a fin de imaginar un espectáculo por el cual yo estuviese dispuesto a pagar cualquier suma de dinero con tal de estar en primera fila.

Y no puedo pensar en otra cosa sino en una pelea a mano desnuda entre un equipo de cuatro bestias y otro de seis humanos, estando el equipo “humano” formado por Bolo Yeung, Bruce Lee, Jackie Chan, Shaquille O’ Neal, la "Hiena Barrios" y Steve Irwin; y el equipo “bestial” constituido por un oso pardo, un oso polar, el macho alfa de una manada de lobos y un tigre albino.






Si ven que no respondo a los comentarios, es porque estoy
ocupado imaginando. Sepan disculpar.

*Por cierto, Damos Pen@ está cumpliendo dos años, en este preciso instante. Aquí les dejo el link al primer artículo de vuestro servidor.

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