jueves, marzo 08, 2007

Tony Randall

Yo por Dentro - Comestible

Me desperté pensando. Llevo mucho tiempo de no darme una vuelta por un establecimiento del tipo “tenedor libre”. No estoy seguro que sea lo que uno deba pensar al levantarse (lo más sano, no es), pero para leer otro tipo de cosas más serias e interesantes ya tienen ustedes muchos lugares.

Por si alguno de mis lectores extranjeros desconoce el término, aclararé que un tenedor libre es un lugar en el que por una determinada cantidad de dinero, uno come todo lo que quiere, autoabasteciéndose. En mi caso, uno come "todo lo que puede". Las parrillas libres le permiten a uno desquitarse con un asado variado, las pizzerías libres hacen lo suyo cobrando las bebidas a precios exorbitantes, y los tenedores libres ofrecen toda clase de platillos simples, incluyendo elementos de las parrillas y pizzerías y pasando por las pastas, los fiambres, acompañamientos y ensaladas. Se ha hecho costumbre que éstos últimos sean de origen chino, y mezclen algo de cada cultura gastronómica. Algunos incluyen la bebida y/o el postre o café. Hasta donde yo sé, los chinos incluyen también la adrenalina de saber que uno está poniendo a prueba la ductilidad y resistencia de su propio colon, exponiéndose a tomar, envuelto entre sudores fríos, ese tren fugitivo conocido como el “Expreso de las heces acuosas”. (¡Mira mami, estoy jugando a que tengo cólera!)

La cuestión es que, conmigo, el tenedor libre no gana. Siempre regreso a casa habiendo comido más que suficiente para desquitar el dinero abonado. Y podría decirse que mis victorias se deben a que lo veo casi como a un desafío. Tomaremos por ejemplo al más caro (y cercano a casa) de los que anduve frecuentando algunas veces. Ellos cobran 30 o 35 pesos (dependiendo de si es día, noche, viernes, víspera de feriado, sábado, domingo) porque creen que eso les da ganancia, que nadie va a comer 35 pesos. Incluyen una bebida y postre libre. Es lo mismo que decirme: “¡Miren a la nenita, que linda nenita, ay mírenla, pero si es Betty Boop, que no puede comer diez dólares en una sola comida! ¡Cuidado Betty, no te vayas a tropezar con el hilo de tu tampón!

Y yo no soy ninguna maldita Betty Boop. Créanme: puedo ingerir peligrosas cantidades de bondiola de cerdo, y no asustarme si en determinado momento me falta el aire. Cabe decir que sigo además, ciertas reglas cuando me arrojo a tales aventuras (me siento en una mesa cercana a los fuegos, no como pan ni ensaladas, trato de acompañar con escasa agua mineral, como rápido, mastico poco, no utilizo condimentos picantes y apunto a los cortes caros y ricos recién después de haberme sometido a un “calentamiento” consistente en jamón crudo y quesos suaves). Algunos podrán decir que comer de más te hace sentir mal, pero comer de menos en ese tipo de situaciones me hace poner peor. Voy a serles honesto: no hay forma de que pueda pensar en dormir esa noche, o siquiera formar una familia en un futuro, si me vuelvo a casa creyendo que consumí menos de 28 pesos en un restaurante de 30 pesos el cubierto. No voy a dejar que eso suceda. Porque (el día de mañana) me gustaría poder mirar a mis hijos a la cara.

Creo incluso que me sentiría bien si el lugar quebrara a la semana siguiente, sabiendo que mis excesos fueron parte y tuvieron que ver en el asunto. Es complicado.

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miércoles, febrero 07, 2007

Cosas que sabe Don Mantis

Yo por Dentro – Cine, tele y así - Comestible

Bueno, como ustedes saben, la comida es para mí lo que acoger niños es para la iglesia católica: una obligación que me provoca más placer del que debiera. Comer no significa simplemente alimentarme sino algo mucho más complejo y delicado, y de ahí el hecho de que no haya intentado una carrera en la astronáutica, pero sí en la gastronomía. Tal vez por eso, y a quienes les interese, les dejo una lista de pequeñas curiosidades de la gastronomía local (y general). Hoy no hay humor, sino otra cosa. Conventillo.

El aporte más notable del gran "Gato" Dumas a la gastronomía argentina fue el hecho de entrometer el sistema americano de servicio. Horarios de producción y despacho definidos de antemano, máximo aprovechamiento del espacio, mucho congelado, mucha precocción y por sobre todas las cosas, cartas y menús de no demasiados platos. Hoy en día, encontrar un viejo bodegón con carta al estilo “enciclopedia” es prácticamente imposible en Buenos Aires. Lo peor que hizo este señor en toda su vida, sin embargo, fue mentir como un animal, innecesariamente, haciéndose el inventor de muchísimas recetas tradicionales europeas. Llegó a decir que había inventado las pastas negras (mediante tinta de calamar o sepia). Fuente: la vida misma, compruébenlo.

Donato de Santis. Sí, ese italiano de cotillón que aparece gritando en la tele a lo pavote. Resulta que supo ser el cocinero de Versace (eso lo saben varios), pero Madonna lo rechazó por incompetente (eso no lo saben todos). A la chica material le caben mucho las fiestas con mucha gente y en cualquier momento como a Versace, pero Donato maneja sus tiempos de otra manera, desperdicia bastante y no sale de los fideos. Sting lo trató –en resumidas cuentas- de “grasa”. Fuente: ex-ayudante de cocina y compañero de trabajo del tarantelero, parte del staff de Carlos Saúl Menem, actualmente levantándola con pala en un restaurant barcelonés.

Martiniano Molina era un despreocupado playboy de vida nocturna, partidos de handball y familia muy adinerada. Pero muy, muy adinerada. Su muy, muy adinerado padre, amigo íntimo del Gato Dumas, no sabía ya más que hacer con el pelotudote, a quien no podía poner a trabajar ni a punta de máuser. “Traémelo” le dijo el Gato, “me ofrecieron un proyecto para otro programa en la televisión, y creo que tu pibe va a andar bien". Martiniano se excusó diciendo que no sabía cocinar, pero Dumas no se preocupó por ello. “El programa se filma los sábados -le dijo-, vos te ponés las pilas toda la semana, todos los días, mañana tarde y noche y (a la receta) la prácticas hasta que te salga. Salís bien en cámara, y sos simpático, no vas a tener problema.” Martiniano así lo hizo. Fuente: Ex-sommelier de importante hotel 5 estrellas porteño, actualmente docente gastronómico y enólogo medianamente reconocido.

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